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Palabras de Aliento
Oraciones de súplica
Sagrado Corazón de Jesús
El Ángelus
La Oración del Santo Rosario
 
Oraciones de súplica



YA NO TEMO, SEÑOR, LA TRISTEZA

Ya no temo, Señor, la tristeza,
ya no temo, Señor, la soledad;
porque eres, Señor, mi alegría,
tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida,
tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el camino
y la vida, la verdad. Amén.
Caravaggio
San Francisco de Michelangelo Merisi da Caravaggio.
Caravaggio pintor italiano
Oración de la esperanza
Señor,
Una vez más estoy delante de tu Misterio.
Estoy constantemente envuelto
en tu presencia
que tantas veces se torna en ausencia.
Busco tu Presencia
en la ausencia de tu Presencia.

Echando una mirada al inmenso mundo
de la tierra de los hombres,
tengo la impresión
de que muchos ya no esperan en Tí.
Yo mismo hago mis planes, trazo mis metas
y pongo las piedras de un edificio
del cual el único arquitecto
parezco ser yo mismo.

Hoy día los hombres somos, muchas veces,
unas criaturas que nos constituimos
en esperanza de nosotros mismos.
Dame Señor, la convicción más profunda
de que estaré destruyendo mi futuro
siempre que la esperanza en Ti
no estuviere presente.

Haz que comprenda profundamente que,
a pesar del caos de cosas que nos rodea,
a pesar de las noches que atravieso,
a pesar del cansancio de mis días,
mi futuro está en tus manos
y que la tierra que me muestras
en el horizonte de mi mañana
será más bella y mejor.

Deposito en tu Misterio mis pasos y mis días
porque sé que tu Hijo
y mi hermano
venció la desesperanza
y garantizó un futuro nuevo
porque pasó de la muerte a la vida.
Amén.

Oraciones para todo momento
La virgen y el Niño
La Virgen del Rosario. Autor: Bartolomé Esteban Murillo, Siglos XVI y XVII. Barroco, Escuela española. Religión

DAME A JESÚS

Dame tus ojos, Madre, para saber mirar; si miro con tus ojos jamás podré pecar.
Dame tus labios, Madre, para poder rezar; si rezo con tus labios Jesús me escuchará.
Dame tu lengua, Madre, para ir a comulgar; es tu lengua patena de gracia y santidad.
Dame tus manos, Madre, que quiero trabajar; entonces mi trabajo valdrá una eternidad.
Dame tu manto, Madre, que cubra mi maldad, cubierto con tu manto al cielo he de llegar.
Dame tu Cielo, Madre, para poder gozar; si tú me das el Cielo, ¿qué más puedo anhelar?
Dame a Jesús, OH Madre, para poder amar; esta será mi dicha por una eternidad.
Oraciones a María
B. E. Murillo
Los niños de la Concha. Autor: Bartolomé Esteban Murillo. Época: Siglos XVI y XVII. Barroco, Escuela española. Religión
Oración de agradecimiento.
GRACIAS

Gracias por las veces que me he encontrado débil hasta la inutilidad, porque entonces he sentido que eres tú mi única fortaleza.

Gracias porque a pesar de mi insistencia no me concediste cosas que te pedí porque tú sabías que me harían daño. 

Gracias por las cosas que no te he pedido y que sin embargo me has dado.

Gracias por las heridas que he recibido en el camino porque me hacen acercarme más a ti. 

Gracias por tus bondades que han llegado a mí de mil maneras y que aún cuando no te he sabido agradecer, continúas deterramándolas sobre mí. 

Gracias Señor, porque no entienda yo muchas cosas que haces, pero así yo aprenderé a cumplir y respetar tu voluntad.

Hágase su voluntad.
Acción de gracias
Bartolomé Murillo
El buen pastor. Autor: Bartolomé Esteban Murillo
Espera en el Señor
SALMO 27 (26)

El Señor es mi luz y mi salvación

(1a)De David.

1(1b)El Señor es mi luz y mi salvación,
¿de quién podré tener miedo?
El Señor defiende mi vida,
¿a quién habré de temer?

2 Los malvados, mis enemigos,
se juntan para atacarme y destruirme;
pero ellos son los que tropiezan y caen.

3Aunque un ejército me rodee,
mi corazón no tendrá miedo;
aunque se preparen para atacarme,
yo permaneceré tranquilo.

4 Solo una cosa he pedido al Señor,
solo una cosa deseo:
estar en el templo del Señor
todos los días de mi vida,
para adorarlo en su templo
y contemplar su hermosura.

5 Cuando lleguen los días malos,
el Señor me dará abrigo en su templo;
bajo su sombra me protegerá.
¡Me pondrá a salvo sobre una roca!

6 Entonces podré levantar la cabeza
por encima de mis enemigos;
entonces podré ofrecer sacrificios en el templo,
y gritar de alegría, y cantar himnos al Señor.

7 A ti clamo, Señor: escúchame.
Ten compasión de mí, ¡respóndeme!
8 El corazón me dice:
“Busca la presencia del Señor.”
Y yo, Señor, busco tu presencia.

9 ¡No te escondas de mí!
¡No me rechaces con ira!
¡Mi única ayuda eres tú!
No me dejes solo y sin amparo,
pues tú eres mi Dios y salvador.

10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
tú, Señor, te harás cargo de mí.

11Señor, muéstrame tu camino;
guíame por el buen camino
a causa de mis enemigos;

12 no me entregues a su voluntad,
pues se han levantado contra mí
testigos falsos y violentos.

13 Pero yo estoy convencido
de que llegaré a ver la bondad del Señor
a lo largo de esta vida.

14¡Ten confianza en el Señor!
¡Ten valor, no te desanimes!
¡Sí, ten confianza en el Señor!
¡Sí, ten confianza en el Señor!
Carracci
Muerte de Cristo. Autor: Annibale Carracci, - Siglo XVI. Renacimiento/Manierismo.
Solo Dios nos salvará
CONSOLACIÓN EN LA ANGUSTIA

Señor, Señor. No puedo más.
Vengo de una larga noche;
estoy saliendo de las aguas saladas. Ten piedad.
La soledad es una alta muralla
que me cierra todos los horizontes.
Levanto los ojos y no veo nada.

Mis hermanos me dieron la espalda y se fueron.
Todos se fueron.
Mi compañía es la soledad;
mi alimento la angustia.
No quedan rosas. Todo es luto.
¿Dónde estás, Padre mío?
Una cruel agonía se me ha detenido, congelada,
en lo hondo de las entrañas.

Dame la mano, Padre; apriétamela;
sácame de este negro calabozo.
No me cierres la puerta, por favor, que estoy solo.
¿Por qué callas? Mis gritos llenaron la noche,
pero Tú permaneces sordo y mudo.
Despierta, Padre mío.
Dame una señal, siquiera una, de que vives,
de que me amas, de que estás aquí, ahora, conmigo.
Mira que el miedo y la noche
me rondan como fieras,
y sólo me quedas Tú, como única defensa ,
y baluarte.

Pero yo sé que la aurora volverá,
y me consolarás de nuevo,
como una madre consuela a su niño pequeño;
y la armonía cubrirá los horizontes,
y ríos de consolación correrán por mis venas.

Regresarán mis hermanos a mi presencia,
y habrá de nuevo espigas y estrellas;
el aire se henchirá de alegría
y la noche de canciones,
y mi alma cantará eternamente tu misericordia,
porque me has consolado.
Gracias, Padre mío.
Así sea.
Oremos y confiemos en el Señor
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Oraciones para todo momento
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Oraciones, momentos de oración.
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